viernes, diciembre 2, 2022
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Nicaragua, nuevamente acorralada por el sandinismo

Nicaragua, nuevamente acorralada por el sandinismo

Mucha incertidumbre está generando el aislamiento al que Ortega conduce a Nicaragua por segunda ocasión; el fantasma de la década de 1980 se repite

Por JUDITH FLORES

El gobernante sandinista Daniel Ortega está llevando a Nicaragua a un callejón sin salida y a la comunidad internacional a un punto de incapacidad para hallar una salida negociada a la crisis sociopolítica, lo cual deja muy pocas alternativas para un desenlace y abre espacio para escenarios mucho más dolorosos.

La crisis ha llegado a un extremo, que cualquiera de las alternativas para salir del régimen tendrían un alto costo. El sacrificio lo terminará pagando el pueblo nicaragüense, los sectores más vulnerables, como ocurrió en 1979 con el triunfo de la revolución sandinista, y en 1990 cuando el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), perdió las elecciones. El analista político opositor, Eliseo Núñez, explicó los posibles escenarios para una salida, unos son más dolorosos que otros.

“Ortega está llevando a la comunidad internacional a la incapacidad, es decir, ya lo único que le quedaría por hacer es o invadir Nicaragua o aplicar sanciones como las que se le han aplicado a Rusia tras la invasión a Ucrania”.

Pero esos escenarios, a juicio de Núñez, no parecen estar contemplados entre las opciones que la comunidad internacional quiere hacer como respuesta a las acciones de la dictadura de Ortega.

“No hay ahorita voluntad de la comunidad internacional ni para el uso de la fuerza, tampoco para la designación de sanciones que dejen al país en la quiebra económica”, aseveró.

Y mientras la comunidad emite resoluciones, condenas y algunas sanciones que hasta ahora no hacen mayor impacto al régimen, Ortega escala los niveles de represión, incrementa su hostilidad y profundiza el aislamiento de Nicaragua, un país que fue considerado el granero de Centroamérica y que el sandinismo dejó en bancarrota durante la primera dictadura (1979-1990).

Aumento de hostilidad

Ortega rompió relaciones con los Países Bajos a los que acusa de “intervencionistas”. La ruptura ocurrió luego de que la embajadora holandesa para América Central, Christine Pirenne, informó durante una visita a Managua que no financiarían un hospital en Atlántico del país.

El anunció provocó la ira de Ortega, quien exclamó: «¡Afuera!… Que vaya a gritar lo que quiera, todas sus miserias… afuera».

El régimen también expulsó del país a la embajadora de la Unión Europea (UE), Bettina Muscheidt, luego de que el bloque de 27 naciones le exigiera “la liberación de forma inmediata e incondicional a todos los presos políticos y a «poner fin a la represión» contra la oposición, sacerdotes y medios de prensa.

Ambas acciones, coinciden, contra la fuerte arremetida del régimen sandinista contra la OEA, la ONU, Estados Unidos, el Vaticano y los países que han cuestionado el cuarto mandato consecutivo que Ortega se atribuyó en 2021, tras encarcelar y exiliar a sus potables contendientes.

Ortega atacó al Vaticano y lo calificó de “dictadura perfecta”. Según él, la iglesia católica promueve un golpe de Estado. En marzo, expulsó de Nicaragua al nuncio apostólico Waldemar Stanislaw Sommertag, una acción que el papa Francisco valoró a mediados de septiembre como “algo muy serio desde el punto de vista diplomático”, pero hizo énfasis en que el Vaticano no está preparado para romper relaciones ni el contacto con Nicaragua.

Hacia un callejón sin salida

“De hecho sí porque es hacia ese punto donde Ortega ha querido llevar al país, solo queda el colapso económico o un embargo duro como con Cuba o ahora con Rusia, pero no se ve (ese escenario) en el panorama, o el uso de la fuerza, este último tiene menos probabilidades, eso te deja en una situación de stand-by (espera)”.

Estados Unidos dijo que analiza la participación de Nicaragua en el Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica-Estados Unidos-República Dominicana, conocido como DR-Cafta, debido a las sistemáticas violaciones de Ortega contra los derechos humanos y el retroceso democrático. Núñez sostiene que por ahora no se ven posibilidades para la aplicación de medidas económicas más drásticas.

“Hay un temor en la democracia americana y es transversal, es básicamente en todas las administraciones, a que eso provoque un daño regional mayor, es decir que desestabilice el entramado de la región y no puedes realmente acusarlos de temeroso con la situación que tienen actualmente con una cantidad de migración que es inmanejable para Estados Unidos. La migración es un tema que se está saliendo de todo control, (expulsar a Nicaragua del DR-Cafta) eso les genera a los que toman decisiones un temor increíble”.

De agudizarse la crisis en Nicaragua provocaría más migración hacia Estados Unidos como ya ocurre. Más de 135 mil nicaragüenses ingresaron de enero de 2021 a agosto de 2022.

¿Quedan otras opciones?

Para Núñez, quedan dos posibles salidas, una tiene más costos que la otra. La primera, es que la crisis va a llegar a un punto de ruptura con la sociedad, el costo será alto porque si hubo 500 o 600 muertos la vez pasada, la cifra de muertes ante un nuevo levantamiento sería mayor, “porque Ortega está listo para matar”, sostiene.

La segunda, explica, es a corto plazo, “pero mucho más costosa en el largo plazo y es la salida por una fisura interna, va desde una perdida de piso en la estructura gubernamental y partidaria o una rebelión desde el Ejército y la Policía, que no se ve por ahora”, explica Núñez.

“Es la que tendría un menor costo a lo inmediato, pero si al futuro porque automáticamente se convertirían en socio de la oposición. Entonces, lo tienes que cargar y ellos son los mismos (del régimen), pero habría un menor costo en vidas”, apuntó.

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