martes, febrero 7, 2023
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¿Cuánto cuesta una Nochebuena en Cuba?

Hoy, en Cuba, el costo de una cena de Nochebuena es exorbitante, por el precio de la carne de puerco, y los altos precios de los otros ingredientes de cena

Este diciembre, el régimen de Cuba, para tratar de contrarrestar el creciente malestar popular, comenzó a comercializar la carne de cerdo, el plato fuerte de la cena de Nochebuena, a precios más bajos que los particulares, pero todavía son cifras demasiado elevadas para la mayoría de la población, reseño el portal web CubaNet.

En principio, la dictadura de Cuba anunció que se venderían ocho libras por núcleo familiar a precios que oscilan entre 250 y 190 pesos la libra (10 y 7.6 dólares al cambio oficial), según la parte del cerdo que se ofertara, pero en la práctica se vende por piezas, según el tamaño de las mismas. Y hay pedazos que pueden costar hasta 11.000 pesos (440 dólares).

Hoy, en Cuba, el costo de una cena de Nochebuena es exorbitante, y no solo por el precio de la carne de puerco, ya que también han subido desmesuradamente los precios de los otros ingredientes de la acostumbrada cena: la libra de arroz está a 70 pesos, la de frijoles negros a 200, la de yuca a 35 y 40. Y ni hablar de las ensaladas: la libra de tomate a 50 pesos, la de col a 160 y la de pepino a 55.

Haciendo un cálculo muy conservador, para una familia de pocos miembros tenemos que si compran cinco libras de cada producto de los enumerados les costaría 3 850 pesos. Si añadimos unas 15 libras de carne de puerco, sumaría el doble. Por tanto, serían 7 700 pesos. Si a eso se le suma una botella de ron en 215 pesos, que es el precio estatal de los peores rones —en los establecimientos particulares venden los de mejor calidad a 1 000 y 1 500 pesos—, da 7 915 pesos.

Cabe señalar que una cena a ese precio solo podrían costearla aquellas familias donde la mayoría de sus integrantes trabajen y cobren buenos salarios.

Este año, debido a los altísimos precios, muchas familias cubanas tendrán que hacer sus fiestas de modo muy modesto, según sus posibilidades, o acostarse temprano.

Para la Nochebuena nos hemos resignado a obviar la sidra, las uvas, las manzanas, los turrones, las nueces, las avellanas y otros productos que, por lo general, vienen de España y que hoy, si alguien llega a encontrarlos, tendrá que pagarlos en divisa, por medio de una tarjeta en las tiendas en MLC (Moneda Libremente Convertible).

Me deprimo cuando comparo el costo de una Nochebuena actual con mis recuerdos de las Nochebuenas en mi infancia. Entonces, mi padre, que era el único que trabajaba en mi casa, ganaba 138 pesos mensuales. En diciembre recibía el llamado aguinaldo de fin de año como extra, consistente en unos 30 pesos. Y ese dinero alcanzaba para la cena de Nochebuena, que nunca dejamos de celebrar, sin afectar los gastos normales de la familia.

La noche del 24 de diciembre se reunían en mi minúsculo hogar parientes de mi madre y de mi padre, quienes siempre aportaban algún comestible como buñuelos en almíbar, torrejas u otro dulce casero tradicional, o latas de dulces en conserva que ampliaban el menú.

La comida, abundante, se compartía también con vecinos y allegados de bajos recursos, a quienes se les brindaba algo o se les invitaba a participar de nuestra mesa.

Había familias que adquirían la carne de puerco asada en los múltiples lugares donde se expendía a precios económicos. Otros iban a festejar en restaurantes donde ofertaban cenas completas de Nochebuena.

No faltaban en diciembre los kioscos que vendían el sabroso pan con lechón a 15 centavos que consumían los más humildes. Me acordé de eso hace unos días, cuando vi que en el portal del restaurante El Carmelo de Calzada, en El Vedado, se ofertaba el pan con cerdo asado a 140 pesos, y el pan con empella a 130.

La noche del 24 de diciembre se reunían las familias. Muchas personas viajaban de una provincia a otra para encontrarse y disfrutar el agasajo, que en muchas ocasiones servía para reconciliaciones y eliminación de desavenencias, sin que fuera preciso que existiera un Código de las Familias.

Traídas de España, de origen cristiano, las festividades navideñas, en particular la Nochebuena, dejaron de celebrarse en Cuba en la segunda mitad de la década de 1960. Al régimen comunista le disgustaba su carácter religioso. Eran mal vistos los que se atrevían a celebrarlas. Y ni hablar de poner el arbolito de Navidad. Aun así, muchas familias, de modo semiclandestino, hacían su cena con lo que pudiesen conseguir, gracias, en gran medida, al mercado negro.

Esa realidad cambió en enero de 1998, cuando, por acuerdo entre el Papa Juan Pablo II y Fidel Castro, durante la visita a Cuba del Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, se autorizó de nuevo la celebración de la Navidad y el día 25 de diciembre se declaró feriado.

FUENTE: CubaNet

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