martes, febrero 7, 2023
Home > Historia > Al Capone: ¿Qué es real y qué no sobre su visita a Cuba?

Al Capone: ¿Qué es real y qué no sobre su visita a Cuba?

Al Capone: ¿Qué es real y qué no sobre su visita a Cuba?

En la calle Obispo, Al Capone compró tres relojes de pulsera marca Patek Philippe en «Le Palais Royal», la joyería más cara de La Habana

El famoso y temido gánster estadounidense Alphonse Gabriel Capone, más conocido como Al Capone, visitó Cuba en 1928 para supervisar uno de sus negocios: el contrabando de alcohol.

Entre 1920 y 1933 rigió en Estados Unidos la llamada Ley Seca. Durante esos años la mayor parte de la mercancía alcohólica que entró en territorio estadounidense provino de las Antillas, Cuba entre ellas. En ese contexto era de esperarse que el célebre gánster se metiera en el negocio y llegara a la isla para asegurarse de que el contrabando fuese exitoso.

Sobre su estancia en la isla hay muchas fábulas que no han sido comprobadas por los historiadores. Por ejemplo, la fastuosa casa que hay en Varadero con su nombre se atribuye que fue suya. Sin embargo, no hay indicios de esto. La casa fue construida en 1930 cuando el Al Capone estaba en la cárcel. Al parecer la selección del nombre no fue más que una iniciativa de marketing.

Lo que sí se ha comprobado es que se hospedó en el hotel Sevilla, en el piso seis. Dicen que lo mandó a cerrar solo para él y su comitiva.

El periodista experto en temas históricos Ciro Bianchi relató al respecto que según: “la leyenda popular pidió entonces reunirse con todos los empleados que se encargaban de la atención de dicha planta. Poco tenía que decirles. Pero congratuló con un billete de cien dólares a cada uno de ellos”.

Esa no fue la única muestra de ostentación del mafioso de Chicago. Otro de los hitos de su estancia en La Habana ocurrió en la calle Obispo donde compró tres relojes de pulsera marca Patek Philippe en “Le Palais Royal”, la joyería más cara de La Habana. Pagó seis mil dólares por ellos. Ha trascendido que una de las joyas fue para él, otra para su guardaespaldas y la tercera para un político cubano.

¿Buscaba Alcapone ganar simpatías para que nada interfiriera con su negocio? ¿Estaba pagando algún favor? Hasta hoy eso no lo sabemos, pero el tercer reloj terminó en la muñeca de Rafael Guas Inclán entonces presidente de la Cámara de Representantes y que luego fue vicepresidente de la República al lado de Fulgencio Batista.

Mucho más no se sabe de la estancia de Al Capone en La Habana pero se conserva una foto de él en los jardines de la cervecería La Tropical, en Marianao.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *