lunes, noviembre 28, 2022
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Un hombre debajo de la cama

Yimit Ramírez recurre al ‘crowdfunding’ para rodar ‘Quiero hacer una película’, su primer largometraje

LUZ ESCOBAR

Yimit Ramírez es un artista hiperactivo al punto de que nunca habla de inspiración, sino de gasolina. Le gustan las metáforas porque le «ayudan a ir más rápido» traduciendo lo que tiene en la cabeza y a aterrizar mejor sus ideas. El director, de 33 años, afirma que tiene «muy pocas certezas», aunque por estos días ha dicho alto y claro: Quiero hacer una película.

Él y su equipo han filmado, con sus propios medios, un 40% de la estructura básica del filme, algo que «se ha logrado con mucho esfuerzo», pero que les ha traído «muy buenos frutos». Desde el 10 de octubre promueven una campaña de crowdfunding con la que pretenden completar el presupuesto del rodaje del proyecto que describen de una perturbadora pero atractiva forma: «Entro en tu casa sin que lo sepas. Escondido bajo tu cama, grabo tu vida. ¿Me dejarías hacer una película con esas imágenes?».

«Al ser una película tan atípica, no entraba en los formatos clásicos de financiación. Tampoco tiene un guion escrito y, además, se trata de mi primer largometraje», explica el director.

Ramírez, que ve el crowdfunding como un reto novedoso, ha investigado la forma más efectiva de hacerlo desde Cuba. «Encontramos una plataforma en Estados Unidos, pero había problemas para recibir el dinero de allí por el tema del bloqueo». Fue por esa razón que finalmente optó por Verkami, con sede en España, y porque, además, «como tiene menos proyectos, brinda mayor asesoría y más seguimiento».

La génesis del proyecto se remonta a un cuento del que le habló un amigo hace más de 10 años y que desde entonces quedó grabado en su memoria. Se trata de la historia de «una persona que descubrió a un hombre debajo de la cama en su casa, llamó a la policía, lo sacaron y los agentes le dijeron que llevaba tres días ahí».

La asistencia de Ramírez a un taller impartido por el director Kike Álvarez donde «se juega mucho con la improvisación» ha sido vital para este nuevo proyecto, así como los dos protagonistas, Tony Alonso y Neisy Alpízar, que se convirtieron también en guionistas y con quienes hubo mucha empatía. «Son actores espectaculares», a los que «les gusta mucho trabajar de esta manera, sin pautas tan cerradas», asegura. En el caso de Alpízar, también aportó su casa, principal localización del filme y donde «se despertó esta idea que tenía dormida y que explotó» en las conversaciones con ambos actores principales. «Fue como una onda expansiva viral», añade.

Para sus creadores, QHUP, como también les gusta llamar a la película por sus letras iniciales, es «un cine en riesgo», que «garantiza mucha diversión». El director explica que este rodaje «muy activo» casi no deja tiempo para el aburrimiento. «No es el tipo de película que se planifica en cada detalle donde te pasas una época creativa muy grande» para luego «hacer lo que ya planificaste y donde eres un poco esclavo de ti en el pasado», asegura.

Ramírez defiende que «la película es muy código abierto incluso en la manera de producirla» y que no se cierra ante eventuales alianzas institucionales. Sin embargo, precisa que su equipo y la productora Camelia Farfán Jiménez quieren siempre «tener dominio de la producción y de la distribución».

QHUP no va a tener un solo cartel, sino 15, de igual número de diseñadores, como Raupa, Nelson Ponce, Edel Mola, Liz, Pepe Menéndez, Amaya, Roberto Ramos, Gabo… Para cada uno de ellos, hay «una región o país que son potenciales mercados para la película».

La pasión de Ramírez por el arte viene de la infancia, cuando empezó a dibujar a las tortugas ninja y, a pesar de que en su momento la idea de entrar en San Alejandro compitió con las ciencias, afirma que después las fue despreciando y finalmente se graduó en esa academia de Bellas Artes, además de en el Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDI). Ahora estudia en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños (EICTV).

Del dibujo llegó al mundo del audiovisual y realizó los primeros cortos de animación, «incluso sin tener un ordenador» dice. Recuerda el momento en que terminó su primera obra y lo bien que se sintió al «ver a ese bicho con vida propia». Esa fue la motivación para no parar en su carrera. «Tener ganas de hacer algo» es una de las principales motivaciones de Ramírez.

A lo largo de su carrera, ha ganado dos veces el galardón para la mejor animación en la Muestra Joven del ICAIC, uno de ellos con The Beauty or the Beast (conocida como El mojón), que también obtuvo un premio en el Festival Internacional de Cine Pobre en la categoría de Videoarte obra experimental. Además, en la IX Muestra fue premiado junto a Laura Tariche, por Reflexiones y Hombres verdes, los dos de animación. Pero uno de sus trabajos favoritos es Koala, con el que obtuvo el premio de la crítica cinematográfica en la XII Muestra y que define como «muy experimental».

El cineasta confiesa tener los ojos puestos también en la industria del videojuego, donde cree que «se pueden explorar las mismas posibilidades que tiene el cine, más la interacción».

Muchos de sus amigos se preguntan cómo hace para tener tiempo para todo. Ramírez dice que su organización está en que ha entregado a esto su vida completa, que está dedicado «al 100% y trabajando a veces 20 horas diarias».

Para él como director «el encuadre de la espontaneidad tiene una belleza extra que es la se quiere reflejar en Quiero Hacer Una Película». Y recuerda que una vez, entre todos los implicados en el proyecto, se decían de que si lograban al menos «atrapar un pixel de todo el proceso y de esa energía», estarían todos muy satisfechos. «Eso es lo que estamos intentando».

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