miércoles, diciembre 7, 2022
Home > Mundo > París parece regresar a los tiempos de los grandes asaltos

París parece regresar a los tiempos de los grandes asaltos

El robo a Kim Kardashian, valorado en 10 millones de dólares, vuelve a poner a la capital gala en la lista de lugares poco seguros para el turismo de altura

RUI FERREIRA

El robo de las ‘joyas Kardashian’ entró ya en la historia de las legendarias fechorías de los ‘bas-fonds’ parisinos. Es posiblemente una de las mayores sustracciones que Europa recordará, superada únicamente por la ola de asaltos subterráneos a las cajas fuertes de los bancos franceses en las décadas de los 70 y los 80 del siglo pasado.

Tal como en ese entonces, el robo fue ejecutado a la perfección, en un hotel de un barrio de élite, donde se supone que la seguridad es extrema. Los ladrones lograron ingresar al inmueble, dominar al conserje y, según se habla, a un funcionario de seguridad también. Lograron maniatar y encerrar en el baño a la mismísima Kim Kardashian en persona, que abandonó el país rápidamente, tras ser interrogada por la célebre Brigada de Combate contra el Banditismo, que una unidad extremadamente especializada de la Policía gala, que fue renovada en los años 70 a raíz de las actividades criminales del que en ese entonces fue ‘enemigo público número 1’ francés, Jacques Mesrine.

Mesrine, un antiguo veterano de la guerra de Argelia, y que habría de ser ultimado en noviembre de 1979 en una emboscada tendida por la Policía, adquirió notoriedad por la sofisticación de sus secuestros, asesinatos y asaltos, en particular uno en Niza, donde durante una fin de semana su banda desvalijó las cajas fuertes privadas en el subterráneo de un banco, y por su implacable sangre fría en la ejecución de los cómplices que lo traicionaron. Siempre dijo que no lo capturarían vivo y andaba permanentemente armado con dos granadas. No las usó. No le dieron tiempo.

Sus actividades fueron tan violentas y sofisticadas, que el Gobierno francés se propuso, y logró – al menos hasta ahora – acabar con ese tipo de delincuencia y para ello no escatimó medios ni recursos. Recuérde que Francia es uno de los pocos países del mundo donde el Gobierno está autorizado a intervenir, ante una amenaza al orden público, sin la necesidad de portar una sanción de un tribunal, en lo que se llama ‘la razón de Estado’.

El robo a Kardashian, valorado en 10 millones de dólares de dos piezas de joyería, una de ellas una tiara, es el regreso a esos viejos tiempos, en los cuales bandas de delincuentes planifican y ejecutan operaciones con una extrema precisión pocas veces vista y las ejecutan con un profesionalismo a prueba de bala. Se diría que, terriblemente, Francia vuelve a sus viejos tiempos.

Cámaras de televisión apostadas frente al palacete donde han robado a Kim Kardashian
Cámaras de televisión apostadas frente al palacete donde han robado a Kim Kardashian

El hurto ha levantado una ola de indignación en el país galo. No se sabe si por representar una vergüenza o una cierta satisfacción ciudadana por la víctima haber sido una frívola ciudadana de Estados Unidos, una nación que no goza mucho del agrado del francés común.

Tanto es así que un conocido actor parisino no ha dejado de mostrar su agrado en las redes sociales aunque la reacción ha sido vulgarmente hostil. “Estoy orgulloso de ser parisino”, escribió en su cuenta twitter el actor Mathieu Kassovitz. Para luego añadir en otro comentario: “Todavía hay gente en Francia que sabe hacer su trabajo apropiadamente”.

Según han dicho varias fuentes de la Policía francesa a medios de comunicación locales, las autoridades han lanzado una verdadera ‘cacería humana’ para dar con los culpables aunque, entre bambalinas, admiten que será un ardua tarea porque la limpieza y la rapidez con que el robo fue ejecutado indica la existencia de una sofisticada organización detrás del incidente que, sin duda, ha preparado la fuga hasta el mínimo detalle.

Pero, por el momento, y más allá de la tristeza, lo que sí está claro es que el seguro no cubre la pérdida, además del impacto , negativo que el robo pueda tener en la salud del turismo, una industria ya de si estremecida por los atentados terroristas del año pasado.

“Los responsables del turismo no tenían necesidad de esto. La agresión a la estrella de la telerrealidad Kim Kardashian en un hotel de lujo (…) no favorece de ningún modo la recuperación de las cifras turísticas en Francia. Si el incidente no repercute en el turismo, al menos afectará la imagen del país a la luz de una serie de hechos recientes”, ha escrito el diario conservador Le Figaro.

Por otra parte, director de la asociación Alianza 46.2, Frédéric Pierret, especialista en turismo, señaló: “Los atentados tuvieron un impacto tan fuerte (en el turismo) porque se insertan en un ambiente de agresiones en un ambiente de turismo. Pero esta agresión (el robo de la ‘joyas Kardashian’) es un hecho más que denigra la imagen de Francia”.

De hecho, se calcula que el país galo perdió 3 millones de turistas luego de los atentados en parís en noviembre pasado.

De esta manera, el robo a Kim Kardashian ha sacado a relucir dos temas que Francia vivió a fines del siglo pasado y pensaba haber desaparecido. El primero que las estrellas, para decirlo de algún modo, viajaban entonces acompañadas de sus joyas, lo divulgaban y hacían de ello una imagen de marca en sus desplazamientos.

Segundo, que los robos de las prendas han vuelto con una mayor sofisticación que antes. Es el robo de grandes alturas. Solo un poco más visible que el discreto ‘métier’ a que nos tuvo habituado Arsène Lupin, pero no por eso menos espectacular.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *