miércoles, junio 29, 2022
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La más rica del cementerio, Rita Barbera

Yo jamás me alegraré, y me lo habréis leído más de una vez en este espacio, de la muerte de nadie.

Albert Díez

Vaya por delante que mis padres no me educaron así. Pero uno no puede evitar ser a veces como un notario de la efervescente realidad y de la rabiosa actualidad. Acaba de certificar el SUMA la muerte a los 68 años de Rita Barbera de un fulminante infarto, de una parada cardiorespiratoria, en su habitación del Hotel Villarreal, que está justo al frente del Congreso de los Diputados en la capital de España.

Un personaje controvertido y Polemico dentro del paisaje político nacional que crea division de opiniones y comentarios cruzados. La que fue alcaldesa de Valencia durante casi 25 años y que estaba corrupta hasta las cejas, hasta las cuencas de los ojos, se ha sumado en esta mañana de Miércoles, al grupo ilustre de decesos políticos. No fue la gordita dirigente con voz de marimacho un ejemplo de dirigente intachable. Para nada. Mas bien lo contrario. Su expediente presenta más sombras que luces (que también las tuvo como dirigente muy popular entre los valencianos, modernizando su comunidad autónoma, porque nadie gobierna durante un cuarto de siglo haciéndolo todo rematadamente mal).

Como un cuadro de Rembrandt, con esos claroscuros que provocan análisis y balances diversos. Y a fuerza de ser sincero, la vi muy desmejorada en sus últimas apariciones públicas. Como asfixiada. Angustiada. Evitando y esquivando como un burlador de toros cualquier medio de comunicación que hurgara en la herida. Toda esa última etapa de imputaciones judiciales con la célebre contabilidad B en negro del partido de Rajoy y la legión de «sobres comisionistas» que iban y venían que daba gusto por los pasillos de Genova (sede central del partido) fue letal.

Esa carga acumulativa de estrés público que llevaba implícita toda esa vorágine acusadora le pasó factura física hasta desembocar en su defunción. Ese sufrimiento que se ha infligido a sí misma en un último «Annus horribilis» de tortura mediática donde todo lo relativo a su figura política estaba en cuestión, ha tenido un final funesto. Una fase de ferocidad política junto a una intensisima presencia mediática. Ella opuso una resistencia numantina pero no fue suficiente. También el escarnio popular que supuso su arrinconamiento paulatino por parte del que fue su partido de siempre, el PP de la gaviota de alas mutiladas y su posterior expulsión y salida dentro de sus filas, erosióno su fachada externa hasta límites preocupantes.

Tiene gracia macabra que sus ex compañeros del PP que la abandonaron a su suerte como perra en cuneta hoy le guardaran un respetuoso minuto de silencio. Para acto seguido, darse golpes en el pecho mientras alababan su obra y milagros, aludiendo a un linchamiento global y un acoso y derribo constante y pertinaz por parte de los medios periodísticos y determinados oponentes políticos. Que morro señorías. Su paripe en el Senado incluyéndose en el Grupo Mixto como el último reducto de un apestado político, de una leprosa con la que nadie quiere tener contacto, fue de vergüenza ajena ante los que entendemos la política como una profesión de servicio público.

Nadie la quería y ella no soportó ese ostracismo, ese frío aislamiento gradual. Su salida del ayuntamiento valenciano fue su lápida, su losa. Su peor revés. Rita que pasó por ser la primera mujer alcaldesa de España, no sabia reservar plaza ni coger sola un tren porque estaba siempre rodeada de asesores y choferes. Pero no seamos hipócritas ni cínicos: ningún homenaje póstumo a quien ha estado de un modo clamoroso imputada por corrupción. A un personaje que robó al pueblo a manos llenas. Un personaje autoritario y de fuerte carácter, que en un balcón pronunció aquella palabra objeto de burla y mofa a nivel nacional como fue el «Caloret» valenciano. Ahora ese «Caloret» se ha vuelto «Fresquet», ese frío corporal tan típico de los difuntos.

Una vez me lo dijo mi abuelito que en paz descanse con gran sabiduría y visión de la jugada: «Hijo mío, el lugar más igualitario y justo que hay en la sociedad es el cementerio porque allí conviven sepultados ricos e indigentes, buenos y malos. El hueco bajo tierra es el lugar más democrático que conozco: todos van allí sin pasar el control de derecho de admisión». Pues nada Doña Rita, disfrute de su fortuna allá arriba. Eso sí, sin alardes ni chicanerias…….

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