domingo, mayo 19, 2024
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Justin Trudeau debe cambiar la política hacia Cuba, impulsada por China, Rusia e Irán

Justin Trudeau debe cambiar la política hacia Cuba, impulsada por China, Rusia e Irán

Ottawa prioriza el comercio sobre los derechos humanos y la democracia en Cuba, pues no toma medidas que apoyen al pueblo cubano

Desde que el primer ministro Justin Trudeau asumió el cargo en 2015, la política exterior de Canadá hacia Cuba ha estado marcada por la incoherencia y la falta de acción en la defensa de los derechos humanos de un pueblo al que el gobierno canadiense considera «amigo.» A pesar de que el primer ministro Trudeau afirma defender la democracia en otras partes del mundo, como Venezuela, Bielorrusia, Ucrania y otros países, su gobierno no mantiene el mismo rasero cuando se trata de Cuba.

Se han desaprovechado numerosas oportunidades de estar junto al pueblo cubano. En noviembre de 2018, el gobierno canadiense se opuso a ocho medidas en el Consejo de Derechos Humanos destinadas a responsabilizar al régimen cubano de las violaciones generalizadas de los derechos humanos. Además, después de la ola de represión sin precedentes que siguió a las protestas prodemocráticas del 11 de julio de 2021, el gobierno canadiense, a pesar de hacer comentarios en solidaridad con el pueblo de Cuba bajo presión interna e internacional, no tomó medidas sustantivas para contrarrestar la represión contra decenas de miles de cubanos. No utilizó sus instrumentos diplomáticos y jurídicos para hacer que el régimen cubano rindiera cuentas por su represión generalizada de manifestantes pacíficos a favor de la democracia y no adoptó medidas para promover los derechos humanos en la isla.

Dados los niveles sin precedentes de represión en Cuba y el panorama global caracterizado por el choque entre democracia y autoritarismo, es crucial que la política exterior canadiense hacia Cuba se someta a una reformulación urgente y a un cambio de rumbo. Para ello es necesario reconocer y aplicar medidas que contrarresten la obstrucción activa del régimen cubano al progreso democrático en las Américas y su alineamiento con potencias autoritarias como Rusia y China.

Con más de 1.000 presos políticos, Cuba es el principal carcelero de disidentes políticos del continente americano. En la actualidad, los niveles de represión contra activistas, periodistas, artistas y pensadores independientes son los más altos de las últimas décadas. Frente a esta violencia sistémica, el pueblo cubano vive en un estado de indefensión debido a la ausencia de un sistema judicial imparcial y de medios de comunicación independientes. A pesar de la omnipresente represión, desde septiembre de 2020 han estallado miles de protestas en toda la isla, lo que indica el resurgimiento de una cultura de la disidencia. Estos acontecimientos subrayan la urgente necesidad de una solidaridad internacional activa.

La dictadura cubana se alinea descaradamente con Rusia, participando activamente en la guerra asimétrica contra Ucrania mediante el apoyo diplomático, propagandístico y militar al régimen ruso. En Cuba, los medios de comunicación controlados por el Estado repiten como loros la propaganda del Kremlin, ayudando a ocultar las atrocidades cometidas por el régimen ruso en Ucrania. Esta campaña de desinformación llega a más de 60 millones de personas en todo el mundo a través de la señal de Cubavisión Internacional en cinco satélites. A pesar de la condenade Canadá a la desinformación sobre el conflicto ucraniano, la Comisión Canadiense de Radiotelevisión y Telecomunicaciones (CRTC) sigue permitiendo la distribución de Cubavisión Internacional dentro de Canadá.

El régimen cubano ha cultivado activamente una coalición prorrusa y antiucraniana en las Américas aprovechando su amplio aparato de propaganda y su influencia sobre los partidos de izquierda y los movimientos asociados dentro del Foro de São Paulo, una influyente red que abarca múltiples países americanos. Una de las principales consecuencias negativas de esta influencia es que ningún país latinoamericano está proporcionando ayuda militar a Ucrania. Esto se agrava por la reticencia de otros gobiernos populistas en la región a respaldar a Ucrania abiertamente, debido a su afinidad con el régimen de Putin y su falta de voluntad política bajo el pretexto de la neutralidad. A pesar del compromiso histórico de América Latina de priorizar la soberanía en las relaciones internacionales, el apoyo tangible a Ucrania no se ha materializado. Además, Cuba, junto con Venezuela, Nicaragua y otros Estados autoritarios y antiamericanos de la región, vetó una invitación del presidente español Pedro Sánchez al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky para participar en la III Cumbre de la Unión Europea y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) los días 17 y 18 de julio de 2023.

La presencia de la base de espionaje de China en Cuba, confirmada por informes de inteligencia estadounidenses, supone una importante amenaza para la seguridad del mundo libre. Además, un informe de investigación de la revista Insider revela que Rusia ha estado reactivando el Centro Radioelectrónico de Lourdes en Cuba desde 2014, equipándolo con tecnología de espionaje de última generación para escuchas del siglo XXI. Ese puesto de escucha no solo pone en peligro la seguridad de Estados Unidos sino que, como reconocen los propios especialistas en inteligencia rusos, también posee la capacidad tecnológica para ampliar su radio de vigilancia hasta Canadá.

Además, el respaldo de Cuba a los regímenes autoritarios de las Américas supone un obstáculo para el avance democrático de la región. Un ejemplo claro es Venezuela. Como se detalla en el informe de la Misión de Investigación de la ONU de septiembre de 2022, el régimen cubano participó activamente en la reestructuración de los servicios de inteligencia y contrainteligencia de Venezuela, proporcionando formación a su personal. Organizaciones de derechos humanos han documentado cómo este entrenamiento incluyó la instrucción de técnicas de tortura utilizadas posteriormente contra detenidos políticos. El testimonio prestado ante la Subcomisión de Asuntos Exteriores para el Hemisferio Occidental de la Cámara de Representantes de Estados Unidos sugiere que el régimen cubano, junto con Rusia y Venezuela, puede haber participado en campañas en las redes sociales utilizando «bots mediáticos», «granjas de trolls» y otras estrategias destinadas a difundir desinformación. Estas acciones buscan socavar la confianza en las instituciones democráticas en países como Colombia y exacerbar la polarización en todo el hemisferio.

Por vergonzosa que sea su represión, el régimen cubano escapa a menudo a una condena internacional significativa por sus alianzas con regímenes como Rusia y China. Hasta ahora, ha sido el pueblo cubano el que se ha llevado la peor parte a la hora de desafiar a la dictadura.

Cuando cientos de miles de personas salieron a la calle en 2021, echaron por tierra más de seis décadas de mitos propagandísticos sobre el apoyo generalizado al régimen.

Canadá con postura incoherente hacia la Isla

La postura de la política exterior canadiense hacia Cuba parece incoherente. Mientras Canadá impone sanciones a individuos de regímenes como el de Bielorrusia por su apoyo a Rusia en la invasión de Ucrania, duda en tomar medidas similares contra otros aliados clave de Putin, como el régimen cubano. En términos más generales, a pesar de aplicar sanciones selectivas a funcionarios de más de 20 dictaduras de todo el mundo, Ottawa aún no ha exigido responsabilidades a funcionarios cubanos por las atrocidades cometidas durante la represión del 11 de julio de 2021. En respuesta a las peticiones formales de Democratic Spaces, Global Affairs debería aplicar sanciones contundentes dirigidas a los violadores de derechos humanos más atroces del aparato represivo cubano.

En cambio, el enfoque de Ottawa parece dar prioridad al comercio sobre la democracia y los derechos humanos. Tanto el gobierno canadiense como el sector privado contribuyen directamente a sostener el régimen a través del turismo, canalizando importantes ingresos hacia GAESA, el conglomerado militar cubano que controla la industria turística y otros sectores lucrativos de la economía.

Ottawa podría ejercer una mayor influencia abordando abiertamente las violaciones de los derechos humanos en Cuba en lugar de discutirlas en privado con funcionarios del régimen. A pesar del descenso de su puntuación democrática en el último Índice de Democracia 2023 bajo el mandato del primer ministro Justin Trudeau, Canadá sigue figurando entre las democracias mejor clasificadas del mundo. Está bien posicionada para introducir medidas y resoluciones en los foros internacionales para que el régimen cubano rinda cuentas por sus violaciones sistemáticas de los derechos humanos.

El primer paso esencial para reevaluar la política exterior canadiense es prestar atención a las voces de quienes dentro de Cuba abogan por la democracia. Según los líderes de la lucha por los derechos humanos, la igualdad racial, los derechos laborales, los periodistas independientes de la isla y los miembros de la sociedad civil cubana, esto se ha pasado por alto durante demasiado tiempo.1 Es hora de romper con el sesgo histórico de Canadá de escuchar predominantemente a corporaciones, académicos y organizaciones invertidas en relaciones comerciales con el régimen cubano. Este desequilibrio debe cambiar; el Parlamento canadiense debe prestar atención a las preocupaciones de los activistas canadienses de derechos humanos, tanto en la isla como en Canadá, que están presionando por la democracia en Cuba.

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