viernes, diciembre 9, 2022
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A 54 años de las crisis que puso al mundo al borde de una guerra

Con el emplazamiento de misiles soviéticos en su territorio, la isla se afianzó como pieza clave de la Guerra Fría

ARNALDO DÍAZ BORGES

En la mañana del sábado 27 de octubre 1962, un avión de reconocimiento estadounidense U-2 fue derribado sobre el municipio de Banes, en el norte oriental de Cuba. Previamente, Fidel Castro había enviado un telegrama al premier soviético Nikita Khruschchev urgiéndole a usar las armas nucleares contra Estados Unidos, y, al mismo tiempo, se dispusieron cabezas nucleares cerca de los misiles emplazados en Cuba. Además, un submarino nuclear soviético fue obligado a subir a la superficie por parte de la Marina estadounidense, por lo que el Alto mando del Estado Mayor en Washington se preparó para lanzar una invasión sobre Cuba. Por otra parte, buques soviéticos se acercaban a pocos kilómetros de la base naval de Guantánamo.

Según testigos, «en el amanecer del 27 de octubre, las baterías antiaéreas cubanas abrieron fuego contra aviones norteamericanos que cruzaron el territorio nacional. Éstos aumentaron velocidad y altura y se retiraron hacia el mar. Ninguno fue derribado y no repitieron sus incursiones. Tampoco los cubanos disponían en ese momento de armas más modernas antiaéreas ni de cohetes para abatir ese tipo de aviones. Estaban en manos de los soviéticos y de sus unidades, donde no tenían acceso los soldados y milicianos cubanos».

Ese mismo día a las 10 de la mañana, en la Casa Blanca sesionó la reunión del Comité Ejecutivo para analizar una carta de Khruschchev donde se planteaba que si Estados Unidos se comprometía a no invadir a Cuba se consideraría la retirada de las armas nucleares de ese país. Mientras tenía lugar la reunión, en el lejano Banes era abatido el avión U-2. La orden de disparar fue dada por el mayor del ejército soviético, Iván Minovich Guerchenov, jefe del grupo de misiles antiaéreos emplazado en esa región del oriente cubano. Sin embargo, el gobierno estadounidense corroboró los hechos oficialmente 6 horas después. Ya antes se había acordado que si era abatido en Cuba uno de sus aviones, se debía responder destruyendo la unidad que lo derribara.

Hoy, la desclasificación de documentos y una serie de diálogos tripartitas sostenidos entre funcionarios soviéticos, estadounidenses y cubanos, protagonistas de la crisis de los misiles, permiten tener una perspectiva veraz de lo que ocurrió aquel octubre de 1962.

El 24 de octubre de 1962 una flota de buques soviéticos que transportaba misiles a Cuba estuvo a punto de tocar la «línea de bloqueo» que Estados Unidos había marcado en torno a Cuba. La historia oficial sostiene que la firmeza de Washington llevó a Moscú a ordenar que sus buques diesen la vuelta hacia la URSS. Sin embargo, la flota soviética nunca se acercó a esa “línea roja”, sino que 22 horas antes la diplomacia entre la Casa Blanca y el Kremlin tuvo éxito. Lo que detuvo una posible guerra fue una mezcla de firmeza y diplomacia, “escalada controlada” le denominó el presidente Kennedy, y el sentido de responsabilidad de Moscú.

Pese a que la historia que se ha contado es que Kennedy y Khrushchev no parecían dispuestos a ceder, documentos y testimonios de los protagonistas indican que ambas partes ofrecieron concesiones con el fin de evitar una guerra nuclear. Kennedy manejó la posibilidad de que Moscú retirase los misiles nucleares de Cuba a cambio de que Estados Unidos desmantelara sus misiles del mismo tipo que tenía instalados en Turquía apuntando hacia la URSS, y a cerrar la base de Guantánamo. De hecho, la URSS aceptó desmantelar los misiles a cambio de la garantía de Estados Unidos de no invadir Cuba. Meses después Washington retiró sus misiles de Turquía.

Para Cuba la crisis de octubre significó resituar su papel dependiente de la Unión Soviética y convertirse en una pieza más en el engranaje de la Guerra Fría y la política de bloques.

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