lunes, noviembre 28, 2022
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El 2016, un año inolvidable para Cuba: Obama visita la isla y muere Fidel Castro

La muerte de Fidel Castro, marcó el final de un año verdaderamente histórico para Cuba.

Nora Gámez Torres

Tras años de falsos rumores, el ex gobernante cubano falleció el viernes 25 de noviembre, justo a las 10:29 de la noche, según informó su hermano Raúl Castro en un comunicado leído en la televisión estatal. Tenía 90 años. Lo que siguió después demostró el particular gusto de los gobiernos autoritarios por los funerales de estado.

Nueve días de duelo (sin música ni alcohol); actos multitudinarios en las dos ciudades más importantes del país; imágenes de mujeres llorando y jóvenes gritando “Yo soy Fidel”; un recorrido de las cenizas por toda la isla (con las correspondientes movilizaciones para ver pasar la caravana); y las inéditas imágenes de su esposa y cinco hijos entregando la urna con sus cenizas a Raúl, quien se despidió de su hermano con unas palmaditas en la caja.

¿El hogar del reposo final de las cenizas de Fidel Castro? Un controversial monolito que debía parecer un grano de maíz (en alusión a una frase de José Martí que alaba la modestia) pero que ha despertado el escarnio y las críticas por su torpe diseño.

Si la muerte de Castro y sus funerales fueron sucesos extraordinarios, todo el año pareció tener un tinte de irrealidad, con varios eventos sensacionales pasando uno tras otro.

Desde 1928 un presidente estadounidense no pisaba suelo cubano. Barack Obama llegó a la isla el 20 de marzo y dejó una impresión indeleble entre sus habitantes.

Obama habló directamente a los cubanos y en un discurso presenciado por el gobernante Raúl Castro, le instó a no temerle “a las diferentes voces del pueblo cubano y a su capacidad de hablar, de reunirse y de votar por sus líderes”, palabras que muchos dudaban que escucharían en el transcurso de sus vidas. En una conferencia de prensa que dieron ambos, Castro negó, molesto, la existencia de presos políticos en Cuba: “Dame la lista ahora mismo de los presos políticos para soltarlos, dime los nombres y si hay esos prisioneros políticos, antes de que llegue la noche van a estar sueltos”, le contestó visiblemente descolocado a un reportero cubanoamericano.

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Como si esto fuera poco, en la misma semana, los Rolling Stones, el legendario grupo británico de rock, una vez prohibido en la isla, ofreció un concierto en La Habana al que se calcula asistió un millón de personas.

Y luego continuó el desfile que se inició desde el 17 de diciembre de 2014: de presidentes y primeros ministros (Canadá, Japón, Portugal, Irán, Vietnam); de celebridades de Hollywood (el equipo de Fast and Furious, ¡Madonna! y Karl Lagerfeld con su polémico desfile de Channel por el Prado habanero); y de estadounidenses (casi medio millón visitaron la isla, también facilitados por el regreso de las aerolíneas estadounidenses y los cruceros).

Raúl Castro fue recibido con honores en Francia en enero y en diciembre se anotó otro importante tanto con la firma del nuevo acuerdo bilateral de cooperación y diálogo político con la Unión Europea, lo que eliminó una piedra en el zapato del gobierno cubano –la Posición Común–, todo ello sin hacer cambios en el sistema político de la isla.

Pero todos esos eventos glamorosos y victorias diplomáticas no pudieron impedir que la economía del país siguiera cayendo en picada y el éxodo de cubanos continuara aumentando.

El anticipado VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) en abril decepcionó, al no aprobar medidas para profundizar y extender la reforma económica emprendida por Raúl Castro, y planificar la legalización de las pequeñas y medianas empresas cubanas para el 2030 como fecha tope. Quedó claro también que el gobernante, si bien dejará su cargo como presidente en el 2018 y creó pequeños espacios para el relevo generacional, pretende mantenerse al frente del PCC para supervisar la transición – si su salud se lo permite.

En el segundo semestre del año, la falta de liquidez, el recorte de los envíos de petróleo de Venezuela y el inicio de los pagos de la deuda refinanciada con los países del Club de París, provocaron la imposición de recortes en el uso del combustible y la electricidad así como el cese de pagos a proveedores. También aumentó la escasez de alimentos –entre otros factores por el aumento de la demanda del turismo– y de medicinas.

Según la CEPAL, que utiliza cifras oficiales cubanas, la economía apenas creció un 0.4 por ciento de un dos por ciento pronosticado a principios de años. Pero expertos consideran que en realidad el Producto Interno Bruto este año entró en números rojos, con cero crecimiento o incluso negativo.

Sin embargo y pese a los ruegos de la Casa Blanca, el gobierno de Castro no dio luz verde a muchos de los negocios de compañías estadounidenses que querían establecerse en la isla, en un apuesta por obtener más concesiones de la actual Administración, que hizo de Cuba una pieza central en el legado del Presidente. Como casi todo el mundo, no contaron con la sorpresa que trajo noviembre.

Ante este panorama y con interrogantes sobre el futuro de la ley de Ajuste Cubano en un entorno de nuevas relaciones, 50,842 cubanos arribaron sin visa a los Estados Unidos—hasta agosto del año fiscal 2016—, según cifras oficiales compiladas por el Nuevo Herald.

Las imágenes más dramáticas provinieron de los miles de cubanos que quedaron varados en distintos países –casi 8000 en Costa Rica, 4000 en Panamá y 2000 en Colombia– en la larga ruta terrestre que comienza en Ecuador y termina en la frontera mexicana con Estados Unidos. La situación provocó crisis humanitarias y diplomáticas, así como las críticas de los gobiernos centroamericanos a la política migratoria de Estados Unidos.

EEUU no cambió su política migratoria hacia Cuba y contribuyó monetariamente a la manutención y la evacuación de los inmigrantes cubanos en algunos de estos países, pero discretamente instó a los gobiernos latinoamericanos a implementar con más fuerza los controles migratorios y deportar a los cubanos.

El deshielo tampoco ha podido frenar la represión a los opositores y activistas por los derechos humanos, muchos de los cuales mostraron públicamente su frustración con la política de Obama. El opositor Guillermo Fariñas se declaró en huelga de hambre por más de 50 días para perdirle al gobierno que cesara el acoso y la represión contra los disidentes e iniciara un diálogo político. Hasta noviembre del 2016, la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional contabilizó 9,484 detenciones arbitrarias por motivos políticos, la cifra más alta en los últimos siete años.

Tras la muerte de Castro, las medidas de seguridad aumentaron y el artista Danilo Maldonado, “El Sexto” fue arrestado por pintar un graffiti con el texto “Se Fue” y publicar un video en las redes sociales en el que se burlaba del ex gobernante. Al cierre del 2016, Maldonado continuaba en prisión.

La elección de Donald Trump –que ha prometido negociar un mejor “acuerdo” o revertir todo lo que ha hecho Obama– y la muerte de Castro arrojaron aún más incertidumbre para el fin de año.

El 2017 promete ser también un año crucial para Cuba.

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