viernes, julio 1, 2022
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Cuba, conectarse para informarse: he ahí el dilema

Las limitaciones impuestas por el régimen para la conectividad con internet, como método de control político, exhacerba en los residentes de la isla un ansia constante por acceder a la red y a la información

IVÁN GARCÍA

Roberto, 47 años, un tipo atlético con incipiente calvicie que suele llevar colgado al cuello unos auriculares rojos, es ingeniero, experto en la construcción de puentes. Desde hace una década, dos veces al año viaja a Miami, donde viven sus hijos.

Cuatro horas antes de su último viaje a la Ciudad del Sol, Roberto se llegó primero a un punto wifi en Centro Habana, para subir fotos y chatear en Facebook. Al final, insertó este mensaje: “Nos vemos en Miami”.

La guerra contra el ISIS, los quince años transcurridos del atentado terrorista contra las Torres Gemelas en Nueva York o el intenso debate que ahora mismo tiene lugar en Cuba, en torno al papel de los medios nacionales de prensa, no son temas que le interesen a Roberto, un hombre hiperquinético que antes de abordar el avión con destino a la Florida, constantemente miraba de reojo el reloj.

Y créanme: su caso no es una excepción en la Isla. Según datos de un especialista en tráfico de internet que labora en ETECSA, el monopolio de las comunicaciones, en Cuba, de una forma u otra, más de medio millón de personas se conectan con cierta frecuencia.

«Entre un 15 y un 20% de la población accede ocasionalmente a internet y un 80% por ciento lo hace dos o tres veces a la semana y en algunos casos a diario. Pero su interés principal es hablar con familiares y amigos residentes en el exterior, gestionar la posibilidad de emigrar o navegar por las redes sociales», indica el especialista.

Los días 12 y 13 de septiembre, numerosos periodistas, académicos y activistas de derechos humanos viajamos desde La Habana a Miami, para asistir a la Conferencia Internet Freedom (CIF), organizada por la OCB (Oficina de Transmisiones para Cuba) y que ha sido muy atacada por talibanes que escriben en medios oficiales y también por un ex agente de la Seguridad del Estado, como se puede leer en la página web del Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba.

En los dos días que duraron las sesiones, debatimos, no exentos de una dosis de pasión, el presente y el futuro de internet en la Isla. Me quedo con una frase de Norge Rodríguez, un moreno con pinta de alero de baloncesto, graduado de ingeniería en telecomunicaciones, quien expresó: «En el siglo XIX, Cuba fue la sexta nación en acceder al ferrocarril. Pero en el siglo XXI estamos a la cola en el acceso a internet. De lo que se trata es de que se entienda que internet es mucho más que comunicarse o informarse. Es vital para el desarrollo de un país. Este atraso, inducido por el Gobierno cubano, nos pasará factura.”

Los que llegamos de Cuba para participar en la CIF, teníamos una lluvia de ideas en nuestras cabezas. Cómo ejecutar internet sin internet o ampliar la señal wifi mediante equipos nano. Pues si de algo estamos convencidos es de que más temprano que tarde, la red de redes aterrizará en la isla de los Castro.

Pero de lo que se trata -y esto también se discutió entre los asistentes-, es cuál será la prioridad de los cubanos cuando tengan pleno acceso a internet, teniendo en cuenta la perenne crisis económica y penurias padecidas por la población en medio siglo, sobre todo por la escasez de alimentos, agua potable, viviendas, transporte público.

Tener a mano los últimos adelantos tecnológicos no necesariamente te convierte en un ciudadano moderno y bien informado. En Miami conocí a compatriotas que solo utilizan internet para estar al tanto de las rebajas en las tiendas, colgar fotos o comentar chistes picantes en Facebook.

En la nación más conectada del mundo, conocí varias personas con una desinformación atroz, que apenas sabían del trabajo de la prensa independiente o alternativa ni tampoco la labor de la disidencia cubana.

Me temo que la Cuba del futuro andará por ese trillo. Un pequeño segmento intelectual interesado en promocionar las mejores herramientas que ofrecen internet y las nuevas tecnologías. Y una mayoría que prefiere consumir frivolidades. Ni más ni menos como en el resto del mundo.

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