A través de Twitter difundió un video en el que aparentemente golpea el logotipo de CNN. En el mejor de los casos, un comportamiento infantil, dice los críticos, pero quizás también un llamamiento indirecto a la violencia, tal como lo interpretan la propia emisora atacada y el diario «The Washington Post»
Y ahora incluso le da una paliza a CNN, literalmente. Donald Trump sigue rompiendo esquemas en su lucha contra los medios y de forma descarada en vísperas del Día de la Independencia de Estados Unidos, cuando los estadounidenses celebran conjuntamente la libertad y los derechos fundamentales, entre ellos la libertad de prensa.
Si los críticos se preguntaban después de sus recientes manifestaciones de odio hacia dos moderadores del Canal MSNBC -llamando a una «loca» y al otro «tan tonto como una piedra»- si Trump era capaz de ir más lejos todavía, el presidente dio la respuesta el domingo: «Yes, he can» (Si, él puede).
A través de Twitter difundió un video en el que aparentemente golpea el logotipo de CNN. En el mejor de los casos, un comportamiento infantil, dice los críticos, pero quizás también un llamamiento indirecto a la violencia, tal como lo interpretan la propia emisora atacada y el diario «The Washington Post».
Al asesor presidencial de seguridad nacional Thomas Bossert, quien tuvo la mala suerte de participar poco después de la publicación del video en una tertulia televisiva, solo se le ocurrió decir: «Él es un presidente sincero y se expresa de forma sincera». A los críticos, también en sus propias filas, que ya habían manifestado su preocupación por sus ataques contra los presentadores de MSNBC Trump les contestó: «Mi uso de redes sociales no es presidencial. Es el de UN PRESIDENTE MODERNO».
Poco antes, el republicano también se había expresado en un acto organizado con motivo del Día Nacional de la Independencia, el 4 de julio, sobre el «periodismo basura de CNN» y, en términos generales, sobre los «fake news media» (los medios que difunden noticias falsas), «que intentaron detenernos en el camino a la Casa Blanca». Y remató: «Yo soy el presidente, ustedes no».
Miles de seguidores congregados en la sala dieron gritos de júbilo, y aquí reside gran parte del problema, que quizás también explica por qué Trump continúa con su escalada de diatribas contra los medios, «el enemigo del pueblo estadounidense», a pesar de que también cada vez más republicanos en el Congreso lo llaman a la moderación. Trump sabe exactamente que con sus andanadas contra CNN y compañía recibe los aplausos de sus fieles seguidores, y esto es lo que está haciendo con la política que ha practicado hasta el momento. No le importa ampliar sus bases de apoyo.
También el «Washington Post» no solo ve en los rudos ataques de Trump un indicio de un comportamiento indisciplinado generado por un resentimiento cada vez más exaltado contra los medios, sino también una estrategia. «Los medios se han convertido en un enemigo común», escribió el periódico en alusión a los acólitos empedernidos de Trump.
«Ellos lo quieren, le creen (…) y cuanto más le atacan los medios, tanto más fuerte se hace la profecía autocumplida en el bando de los seguidores de Trump, que tienen la convicción inquebrantable de que los medios lo tratan de forma injusta», opina Tony Fabrizio, el principal encuestador de Trump durante la campaña electoral.
Y aunque algunos republicanos lamentan que los ataques extremos a los medios y las reacciones que suscitan desvíen la atención de otros asuntos importantes para el presidente, quizás esto tenga más bien una ventaja. Hasta el momento, Trump no puede preciarse de muchas victorias políticas. No se sabe qué será de su proyectada reforma del sistema de salud y del régimen tributario o de su programa infraestructural anunciado con bombo y platillo. Debido al revuelo sobre sus más recientes ataques a los medios, estos temas han quedado relegados a un plano secundario en las tertulias televisivas de los domingos.
El hecho es que Trump se no ve muy motivado a mostar un poco más de contención o a cambiar las nuevas reglas que la Casa Blanca ha establecido para las tradicionales reuniones diarias con la prensa; la mayoría de esos «briefings» ya no se realizan delante de las cámaras y muchas veces ni siquiera hay un audio en vivo. Ya hace meses que Trump no ha ofrecido una auténtica conferencia de prensa y las entrevistas las parece conceder exclusivamente a la emisora Fox News, que simpatiza con él y, por ende, le hace preguntas cómodas.
Todo ello es motivo de frustración para el grueso de los medios estadounidenses, constantemente vilipendiados como difusores de noticias falsas, y están surgiendo preocupaciones por un latente cercenamiento de la libertad de prensa.
Algunos grupos, como el Committee to Protect Journalists (Comité para la Protección de Periodistas), ven además otro motivo de preocupación: temen que los ataques de Trump creen un ambiente en el que se consideren aceptables las amenazas e incluso las agresiones físicas a periodistas, como el reciente ataque de un candidato republicano a la Cámara de Representantes contra un reportero del periódico «The Guardian» en Montana.
Las manifestaciones de Trump podrían «alentar a líderes autocráticos en todo el mundo», dijo al «New York Times» Courtney Radsch, del Comité para la Protección de Periodistas. Normalmente, esta organización centra su atención en países donde la libertad de prensa está restringida.
FUENTE: dpa
