domingo, julio 25, 2021
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Las calles de Centro Habana están invadidas de policías y paramilitares disfrazados de civil

«Las calles de Centro Habana están invadidas de policías y paramilitares disfrazados de civil… Triste espectáculo este, ver a estos cubanos, también pobres y despojados de derechos, tan dispuestos a aplastar con odio y violencia a sus hermanos solo para defender los privilegios de la clase del Poder», dijo la periodista Miriam Celaya

Por Ivan Leon

A pesar del apagón de internet que sufre la población cubana, poco a poco empiezan a circular informaciones sobre la militarización de pueblos y ciudades ordenada por el régimen para reprimir una ola de protestas que ha sacudido el país desde el domingo 11J.

“Las calles de Centro Habana están invadidas de policías y paramilitares disfrazados de civil. Puedo identificarlos fácilmente: la experiencia de años viviendo bajo el acoso de la vigilancia dejan en el acosado la triste habilidad de descubrir a las hienas por más que intenten mimetizarse en el paisaje urbano”, denunció este miércoles la periodista independiente Miriam Celaya en un post de Facebook.

Agentes de la Seguridad del Estado, fácilmente reconocibles por sus motocicletas Suzuki, “pululan” por las calles haciéndose notar, según Celaya. “Ellos quieren que los vean, muestran rostros altaneros, actitud arrogante y muchas ganas de que les teman. Yo no les temo. Son ellos quienes deberían temer”.

Transcurridas más de 72 horas desde que la mecha de las protestas se encendiera en San Antonio de los Baños, provincia de Artemisa, los represores del régimen continúan lidiando con focos de protesta que no cesan de encenderse, tal y como se pudo comprobar ayer en el matancero municipio de Cárdenas.

Sin embargo, con las calles de media Cuba tomadas por la policía y fuerzas paramilitares, los ciudadanos empiezan a retomar sus típicas rutinas. “Bajo la canícula estival, la gente común circula por los portales, hace colas en las tiendas, llenan los ómnibus, como cualquier día”, observó la periodista.

“Pero bajo la superficie ya nada es ‘normal’. No se siente la vibra habitual, el desenfado, el eterno parloteo callejero entre cubanos, ya sea que se conozcan o no. Hay una sensación de ansiedad en este silencio, o mejor en este extraño no-diálogo, tan ajeno a nosotros”, describió.

Impresionada por el silencio del pueblo en las calles, Celaya advirtió que se trata de un mutismo engañoso. “En barrios pobres como este, con décadas de carencias y frustraciones acumuladas, es precisamente donde se forjan las revueltas populares, que estallaron el domingo 11J y que se siguen produciendo, pese a todo el desproporcionado despliegue represivo, tropas antimotines incluidas”, afirmó.

Patrullas corriendo con las sirenas sonando por Carlos III, caravanas de partidarios del régimen desfilando con agresividad y obedeciendo la orden dada por Miguel Díaz-Canel de limpiar las calles de “contrarrevolucionarios”: la escena resulta sobrecogedora y presagia mayores sufrimientos para el pueblo. “Llevan palos atados a la muñeca para arremeter contra los manifestantes desarmados”, apuntó Celaya sobre las fuerzas paramilitares.

“Triste espectáculo este, ver a estos cubanos, también pobres y despojados de derechos, tan dispuestos a aplastar con odio y violencia a sus hermanos solo para defender los privilegios de la clase del Poder, la que los oprime y humilla a todos por igual. Nada los salvará mañana de semejante vergüenza”, indicó.

Sin embargo, “desde el domingo siento que habitamos una ciudad distinta, un país diferente. Se ha quebrado la costra del miedo y este se ha traspasado al Poder, a sus secuaces y a sus amanuenses”, reflexionó la periodista independiente.

Díaz-Canel ha dejado pasar la posibilidad de dialogar con el pueblo y “ha cometido el imperdonable crimen de azuzar la violencia, enfrentar a los cubanos en dos bandos y, lo que es peor, ha manchado sus manos de sangre”.

“Ha echado por tierra la oportunidad de dialogar con el pueblo, que tan generosamente le han ofrecido numerosas voces de la sociedad civil para buscar una salida a la crisis y encabezar el imprescindible proceso de cambios. No cabría imaginar torpeza mayor”, concluyó.

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